Saco

Saco

Saco vivía en la calle con sus cachorros. Es lo único que nos pudieron decir en la perrera cuando preguntamos por ella. Ya se habían llevado a toda la camada, y ella seguía allí. Me miró entre las rejas y parecía que ya era mi perra, y que sólo estaba allí esperando que la recogiera.

Al principio le daba miedo todo. Los hombres, las mujeres, las personas con gorra, las bicicletas. A los hombres adultos les tenía pánico. No hacía falta que el hombre se acercara a ella, ni siquiera que la mirara, para que Saco se echara al suelo y soltara los esfínteres por el miedo. Fueron unos días duros, en los que hubo que trabajar mucho con ella. Muchas personas la ayudaron, y también aprendió mucho de otros perros, sobre todode Cow, que de la pata le enseñó como relacionarse con el mundo como perro, y de Vero, que le enseñó la amistad y complicidad con otros de su especie.

Durante meses la socializamos con todo tipo de personas. Un día un señor le daba un trozo de salchicha, al otro una niña la paseaba… Poco a poco se dio cuenta de que el mundo no era un lugar malo. Fue levantando su cabeza cada vez más, atreviendose a mirar a los ojos de las personas, y aprendió a confiar en ellas.

Ahora ayuda a las personas a confiar en los perros. Rebosa alegría por los cuatro costados y sus ojos, dulces, apenas cuentan lo que sufrió antes de encontrarnos, y si desprenden muchísimo amor.

 

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